Tiempo

No te puedo tocar pero te siento,
no te he podido ver y te memoro;
y compartes mis ratos cuando lloro
pues toda vida tiene su momento.

Participas en todo testamento,
cuando empiezan y logran un tesoro;
no te compran con nada ni con oro,
retenerte sucede sólo en cuento.

Rápido vas cual ráfaga de viento,
cual fiesta brava sin indulto el toro
en ratos de agonía pasa lento;

diligente, muriendo con decoro,
eres el porvenir nuestro sustento:
inmortal, yo te advierto no te ignoro.

Ébano

En la selva urbana que resido,
en la sombra de un ébano me acojo;
es un ébano hecho mujer que habla a mi oído,
ven hazme el amor… todo a tu antojo.

En la espesura de su negra cabellera,
se entrelazaron mis dedos y al oído;
le dije que era bella y traicionera
pues me privó por completo del sentido.

Saboreando su rocío matutino
y abrigado en el follaje de sus brazos,
en su savia se escurre mi destino
y su fruto alimenta mis ocasos.

Prólogo – La Métrica del Amor

Crear, producir, dedicar tiempo a darle forma a la inspiración, complacer a los amigos o cantarle al amor requiere de sentimiento, de entrega y de mucho talento. Impulsado por Margarita Catalán de Anzaldúa, su señora madre; Gerardo inicia una carrera donde la temática de todas sus variantes es el amor; poseía, canciones, acrósticos, sonetos, baladas, boleros y canciones románticas modernas se engarzan gracias al numen joven y ágil de este iniciado en la inacabable ruta de la sensibilidad.

Desde los años ochentas Mario Gerardo se impuso como reto destacar por sus cualidades y encontró en el cálido recinto familiar todo el apoyo para darle ritmo a su inquietud. Primero pulsando su fiel guitarra, más adelante sus experiencias entre amigos y personas afines a su perfil, le llevaron a armonizar bellas melodías a las que motivado por su empeño les agregó la letra, son 96 canciones que ya ha registrado y dedicado a diversos motivos; una de ellas está dedicada a la autopista del sol, quizás la primera que existe sobre esta futurista vía de comunicación. Pronto los jóvenes y viejos de esta ciudad lo ubicamos como un poetam un cantor, un artista entusiasta y creativo, persiste su tendencia al más bello sentimiento de la raza humana y configura por fin su emoción en su linda esposa a quien como diosa griega del bien entrega su total producción; a ella ha dedicado cuando menos cincuenta canciones.

Incansable, tenaz, ha vivido escalando su propia calidad y de 200 poesías, 50 sonetos y sus composiciones melódicas, se declara firme en su anhelo por triunfar; le canta a la vida, al amor, a las novias de sus amigos, en las Jornadas por la paz aporta tres poemas, “donde hay una mujer habrá amor y ahí estaré, dice seguro.” Seguridad que le infunde su principal musa y alentadora vitalidad. El tema romántico tanto en la poesía como en la canción que Mario Gerardo expresa, está el amor y el desamor, podría alentar a sus hijos a que cultiven las bellas artes, él siente que hay algo que lo motiva con fuerza hacia su meta de no dejar de escribir. Su mejor aliciente será este conjunto de hermosos y sentidos poemas que no todos los que quisieran pueden alcanzar. Su confianza y afecto por todos lo que hace protagonista de la estimación que recibe. Hablamos de su más completa actividad en la que ha dejado horas y horas de fugaz vivacidad y que ramilletes completos de rosas convertidos en cantons de amor y amistad, hasta formar bondadosamente lo que él estima y quiere producto de su ingenio. – Miguel Angel Castorena

Herida

Así como por el tiempo consumido,
siendo grano de arena en un desierto;
una nota en lo grande del concierto
hoy me encuentro en las arras de tu olvido.

De nada ha servido haber vivido,
tierra estéril, la tierra de tu huerto;
te tuve, te perdí y eso es lo cierto,
ya lo demás carece de sentido.

Tus palabras no alcanzan a mi oído,
no soy feliz con nada me divierto
no he podido sanar me encuentro herido;

la presencia de amor ya no la advierto,
¿por qué tuve que haberte conocido?
era un simple mortal… hoy simple muerto.

Pecado

A ti, mi Dios que la vida has dado,
a ti solamente puedo platicar;
solamente tu me puedes perdonar
el haber cometido tal pecado.

Infringí cierta ley en alto grado:
“la mujer de tu prójimo no desear”;
por el diablo fácil me deje tentar,
deseé conquiste y he traicionado.

Ayúdame borrando del pasado,
toda cosa que la hiciese deplorar
culpable de su mal equivocado;

soy yo; y doble lo tengo que pagar,
pagaré penitencia por un lado
y la peor… nunca deberla recordar.